viernes, 16 de febrero de 2007

Querido Joseph:

Debo confesarte que me caíste extraordinariamente bien desde nuestro primer encuentro y hasta que he leído tu primera (y espero que no última) intervención en el blog, pensaba que todo se debía a que ese vínculo invisible que se crea entre aquellos que han tenido la suerte de conocer Vegas (Berlanga, aún te quedan unas semanas para poder quitarle el artículo).
Pero ahora veo que hay mucho mas, que en el fondo pensamos lo mismo, aunque yo, como mujer típica, soy cobarde y no tuve el valor suficiente para sacar ese tema que desde hace mucho tiempo me ronda por la cabeza, y que tu, tan estoicamente, has puesto sobre la mesa: LA ELIMINACIÓN DE LAS HOMBRERAS COMO PARTE FUNDAMENTAL DEL VESTUARIO DE CUALQUIER PERSONA ELEGANTE QUE SE PRECIE (Jasier, Berlanga, vosotros quedáis excluidos, así que no os preocupéis). Y es que la desaparición absoluta de dicha prenda ha hecho evidente lo que yo ya intuía y no quería creerme: que la mayor parte de los individuos que se hacen llamar hombres tienen menos hombro que yo, y que cuando se quitan la americana, pierden tanto, tantísimo, que por eso alguien se ha inventado esa tontería de que un tipo elegante no debe quitarse la americana jamás.
He dicho

PD: Aunque no hace falta mencionarlo, JJK seguía siendo espectacular cuando se quitaba la americana. Os lo aseguro.

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